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Fobias de impulsión

Fobias de Impulsión.

Las fobias de impulsión son un tipo característico de obsesión en el que los pensamientos, imágenes o impulsos intrusos tratan sobre hacerse daño a uno mismo/a, a los demás, o tener algún comportamiento muy inadecuado, con consecuencias graves o irreversibles.Ejemplos típicos y muy frecuentes entre nuestros pacientes son acuchillar a alguién, tirarse por el balcón o ventana, abofetear o hacerle daño a un ser querido o a un compañero/a en el trabajo, tirarse o empujar a alguien al metro, agredir o insultar de manera inesperada a alguien..etc.

La persona, interpreta estos pensamientos, imágenes o impulsos como inadecuados y peligrosos, y piensa que podría perder el control. Este temor, y la ansiedad que conlleva, le hacen pensar que lo puede llegar a hacer, o que se está volviendo loca, o que no es normal que eso le ocurra y que algo no funciona bien en ella.

El activador del malestar y la ansiedad en las fobias de impulsión son las obsesiones. Éstas son pensamientos intrusos, que aparecen sin ser deseados (son involuntarios) y que se repiten intensamente. El contenido, en el caso específico de la fobia de impulsión, es amenazante o moralmente reprobable, como se detalla en los ejemplos antes citados.

Estas «obsesiones» pueden aparecer como:

  • Imágenes: la persona se visualiza lanzándose por la ventana o empujando a alguien, o insultando a gritos a alguien sin venir a cuento, o un largo etcetera. Se imagina esa escena, las consecuencias, las caras de horror de las personas que lo presencian etc.
  • Pensamientos: la persona piensa que hará alguna de estas cosas aunque no se visualiza, o le aparecen pensamientos «imperativos» del tipo: «pégale un puñetazo», «tírate por el balcón»…etc. Piensa sobre lo terrible que sería hacerlo, sobre lo que los demás dirian y como reaccionarian…etc.
  • Impulsos: la persona tiene la sensación de que lo hará. Siente que el impulso la llevará a hacerlo irremediablemente.

En muchas ocasiones estas obsesiones aparecen no solo en un formato sino de manera combinada. Puede venir primero una imagen y luego estar pensando sobre las consecuencias, o sentir el impulso/sensación y luego ver toda la escena en su cabeza.

Cuando ocurre esto, la persona experimenta un gran malestar y ansiedad, y trata de evitarlo. De un lado, al creer que podría ocurrir o que no es normal pensar ese tipo de cosas, evita estar en contacto con situaciones que facilitarían que ocurriera: intenta no tener cuchillos a la vista, o no los utiliza si son grandes, o los guarda rápidamente, o no se acerca al balcón y menos si tiene a su hijo en brazos, o se para alejado del paso de cebra en una calle si su temor es lanzarse y ser atropellado. Trata por tanto de reducir la posibilidad de que suceda o neutralizar la ansiedad que le causan esas obsesiones.

Al creer que tener este tipo de pensamientos no es normal, además de evitar situaciones, lugares u objetos, comienzan a sentirse muy mal consigo mismas y a criticarse y menospreciarse: «como puede ser que piense esas cosas», «estoy mal de la cabeza», «una persona normal no piensa eso». Además, creen que el hecho de pensarlo ya es indicativo de que lo harán o que podrían hacerlo, o que podrían perder el control y llegar a hacerlo. Muchos pacientes expresan esta preocupación diciendo «es que solo hace falta que se me vaya la cabeza un momento y…» o «es tan fácil que pase».

Algunos de los temores principales asociados a la fobia de impulsión son:

(Es importante señalar que todos estos temores son creencias falsas)

  • Me estoy volviendo loco/a.
  • Es muy fácil perder el control.
  • Si lo pienso tanto al final lo haré.
  • Soy una persona horrible por pensar estas cosas.

¿Qué trabajamos en terapia para solucionar las fobias de impulsión?

  • La persona aprende que es un pensamiento obsesivo, que es la fobia de impulsión, y por tanto entiende mejor lo que le pasa.
  • Se explican, para cada caso particular, las creencias falsas asociadas a sus temores.
  • La persona aprende a reinterpretar que significa tener esos pensamientos, imágenes o impulsos.
  • Se consigue también en terapia un mejor manejo cuando aparecen, y una notable reducción.
  • La persona consigue eliminar su ansiedad en relación a la fobia de impulsión.
  • Poco a poco la persona logrará enfrentarse a las situaciones que evita y podrá hacer de nuevo su vida con normalidad, sin estar condicionada.

Cabe señalar que todo esto requiere un tiempo y un trabajo conjunto entre el psicólogo/a y el/la paciente. Durante el tratamiento se establecen pautas y pasos concretos para lograr la mejoría y se enseñan estrategias psicológicas para poder conseguirlo.

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Artículos relacionados:

«Entendiendo las fobias de impulsión»

«Desmontando creencias falsas de las fobias de impulsión»

«El temor a volverse loco o perder el control»

Videos relacionados:

Fuente: Clínica de la Ansiedad. Psicólogos especialistas en el tratamiento de la ansiedad.

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Fobias de impulsión Obsesiones

Miedo a perder el control o volverse loco

El temor a perder el control sobre el propio pensamiento, conducta o impulsos, es frecuente en los trastornos de ansiedad. En cierto modo, este sentimiento, o pre-sentimiento, es consubstancial a la experiencia de ansiedad elevada. Si la ansiedad guarda relación, como hemos señalado en otros documentos de la web, con la percepción del sujeto de verse desbordado, respecto de su capacidad y recursos, por las demandas y exigencias del medio (externo o interno), es natural que dicha experiencia se equipare a pérdida de control sobre uno mismo o sobre el medio: cuando tenemos una dificultad pero es asumible, nos consideramos con los recursos, apoyos, y capacidad para hacerla frente, decimos, en términos coloquiales, que “tenemos un problema, no está resulto, pero está controlado”. Si, por el contrario, nos vemos excedidos o desbordados decimos que “tenemos un problema, no está resuelto, ni bajo control”, es decir nos sentimos a merced de las circunstancias.

Es probable que la ansiedad altere la ejecución de repertorios de conducta, incluso algunos que normalmente “salen solos” sin que medie la conciencia en su producción, ya sea por tratarse de respuestas autónomas, o bien automatizadas tras un proceso de aprendizaje y entrenamiento: la articulación y fluidez del habla, la atención y concentración, la respuesta sexual, la conciliación del sueño, etc. La percepción de dichos fallos, crea dudas en la persona que los experimenta sobre su adecuada regulación y produce desconfianza sobre el normal y correcto funcionamiento de sus funciones y facultades.

En algunos casos, la ansiedad genera, como parte de sus síntomas y manifestaciones, una sensación de extrañeza e irrealidad, como si estuviéramos viendo la realidad a través de un cristal o “como en una película”, como si nos sintiéramos ajenos a nosotros mismos (despersonalización) o al entorno (desrealización).

Del mismo modo que la sobre-preocupación por la salud física lleva a la vigilancia y observación de diferentes funciones y manifestaciones fisiológicas, el temor a perder el control lleva a la auto-observación y seguimiento de nuestro pensamiento, la ejecución de actividades y sus posibles efectos.

El temor a volverse loco

En algunos casos, ese sentimiento de descontrol, desorden o irrealidad se equipara a la idea de trastornarse o volverse loco. En casos extremos este miedo está en la base de las llamadas “fobias de impulsión”, que se caracterizan por la percepción de un alto riesgo de perder la cabeza, trastornarse, en un momento dado y, como consecuencia, hacer algo grave e irreversible, como tirarse desde al balcón, hacer daño a niños u otras personas con cuchillos, o de otras formas, empujar a alguien al tren o a la calzada al paso de los coches, etc.

La presunción de que podría trastornarse, lleva a la persona a estar especialmente alerta y evitar aquellas circunstancias (balcones, jugar con niños pequeños, etc.) dónde, si se llegara a perder la razón, las consecuencias fueran más graves e irreversibles. No es que tenga intención de hacerlo y haya de vigilarse para impedirlo (como a veces piensan los propios pacientes). Todo lo contrario: lo último que quisieran que pasase en el mundo es eso, y por ello, quieren estar advertidos y prevenir los riesgos para que ni siquiera en un supuesto “momento de locura” pudieran hacerlo.

Digamos que, en cierto modo, se ha dado al cerebro la orden de que no se olvide de ese riesgo –por otro lado, absolutamente inexistente-, y dispare las alarmas cuando las consecuencias de la supuesta pérdida de la razón pudieran ser extremas. En consecuencia, el sistema de avisos y advertencias asociado al mecanismo de la ansiedad hace que vengan reiteradamente al pensamiento imágenes o ideas al respecto, muy particularmente cuando estamos frente a circunstancias más críticas (presencia de cuchillos, alturas, etc.). El objetivo es… prevenirse de uno mismo si se diera la supuesta locura.

Estos pensamientos, que confunden e importunan al individuo, son efecto de extremados sistemas de prevención, sin embargo, son tomados por el sujeto como si fueran impulsos internos o pensamientos perversos que les llevarán a hacer lo que no quieren.  Aunque no tienen nada que ver, muchas pacientes interpretan estos fenómenos como indicadores de estar sufriendo, o llegar a sufrir, trastornos mentales de tipo psicótico, como esquizofrenia. Es imposible volverse loco como consecuencia de crisis de pánico u otros trastornos de ansiedad.

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Fuente: J. Carlos Baeza Villarroel. Clínica de la Ansiedad. Especialistas en Madrid y Barcelona. Psicólogos y psiquiatras.

Video: El temor a perder el control o a volverse loco

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Fobias de impulsión

Entendiendo las fobias de impulsión.

Las fobias de impulsión comienzan al malinterpretar pensamientos que en realidad la mayoría de las personas tenemos. Los pensamientos, imágenes o impulsos de contenido agresivo hacia la propia persona o los demás son en realidad normales, aunque sean desagradables. Al interpretarlos como peligrosos, como indicativos de ser una persona desequilibrada…etc, involuntariamente les damos mayor fuerza e importancia, y se pueden convertir en obsesiones, dando comienzo a las fobias de impulsión.

Los estudios dicen que tenemos alrededor de 60.000 pensamientos diarios. Pensamientos de todo tipo. Muchos de ellos negativos y repetitivos. La mayor parte del tiempo no les hacemos demasiado caso, y no nos dejamos «atrapar». En las fobias de impulsión, ocurre lo contrario, el pensamiento (imagen o impulso) nos atrapa.

Todas las personas, en mayor o menor medida, han tenido o tienen pensamientos característicos de las fobias de impulsión. Entre estos 60.000 pensamientos diarios es normal que aparezcan los temidos «¿y si…?»:

  • ¿Y si pierdo el control y empujo el cochecito de mi hijo a la carretera?.
  • ¿Y si impulsivamente insulto a mi jefe?.
  • ¿Y si se me va la cabeza y le doy una bofetada a…?
  • ¿Y si le hago daño a…?
  • ¿Y si de repente doy un volantazo?
  • ¿Y si…?.

En las fobias de impulsión también pueden aparecer las obsesiones de manera imperativa (no solo en formato de ¿y si…?) como si recibieramos una orden: «pégale», «clávale el cuchillo»…etc.

La persona, ante estas obsesiones, asume como ciertas una serie de creencias (falsas) que le llevan a sentirse y comportarse de tal forma que, en vez de conseguir eliminar las fobias de impulsión, la mantienen y la refuerzan. Se sienten tremendamente ansiosas y también culpables por pensar así.

¿Cómo comienzan las fobias de impulsión?

Aparece, por ejemplo, un pensamiento «¿y si…?». En vez de pasarlo por alto y no darle importancia como hacemos con muchos pensamientos, nos fijamos en él con cierta alarma: «¿porqué he pensado eso?, pensar así no es normal, a ver si pierdo el control y…». Sin darnos cuenta, ya hemos plantado la semilla. De alguna manera le estamos diciendo a nuestro sistema de alarma que hay algo que vigilar y que no es normal. De esta forma, provocamos involuntariamente que el ¿y si…? vuelva a aparecer. Cada vez que aparece me alarmo y me angustio más, me preocupo más y le doy más vueltas. Como creo que no debería pensar esas cosas, empiezo a creer que podría suceder en realidad. Como es algo que no quiero que ocurra de ninguna de las maneras, que sería terrible, trato de no tener o expulsar ese pensamiento (imagen o impulso), y trato de evitar las circunstancias que facilitarían que ocurriera (evito cuchillos, balcones, alargar conversaciones o reuniones, quedarme a solas con niños pequeños o con mis hijos…). Al evitar, se hace más fuerte la falsa creencia de «podría ocurrir». Nuestro cerebro, en su afán (lógico, pero en este caso poco acertado) por evitar que ocurran cosas terribles incrementa su vigilancia y advertencia respecto a que ocurriera lo temido, y no para de lanzarnos mensajes (pensamientos, imágenes o impulsos) catastrofistas relacionados con esa pérdida de control, locura…etc.

La persona cree que podría trastornarse (o que ya se está trastornando), que está volviéndose loca, que perderá el control. Cree que pensar esas cosas no es normal. Creen que pensarlo es como tener la intención de hacerlo, que pensarlo en si ya es malo e indicativo de algo terrible. Tratan por tanto de prevenirlo y evitarlo. Tratan de no tener esos pensamientos (imágenes o impulsos) y prevenir situaciones (no estar en situación de «riesgo» si perdieran el control).

De esta manera entran en un círculo del que les cuesta escapar. Las obsesiones continúan, experimentan una gran angustia, miedo, culpa y a menudo vergüenza (por tener esas obsesiones). Intentan no tener esos pensamientos, pero aparecen repetitivamente.

La terapia cognitivo conductual ayuda a la persona a comprender mejor lo que le pasa (los pensamientos obsesivos no son el realidad peligrosos y no perderemos el control) y a adquirir las herramientas necesarias para superar este problema (aprender a gestionar y reducir estos pensamientos y el intenso malestar que comportan).

Nota: También hay pacientes que después de haber experimentado uno o varios ataques de pánico, que implican una gran sensación de pérdida de control, comienzan a alarmarse por esa supuesta pérdida de control y desarrollan fobias de impulsión. Es decir, su ¿y si..?, su obsesión, comienza a partir del miedo a perder el control experimentado en el ataque de ansiedad.

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Fuente: Clínica de la Ansiedad. Psicólogos especialistas en el tratamiento de la ansiedad.

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Fobias de impulsión

Desmontando creencias falsas de las fobias de impulsión.

Existen una serie de creencias falsas sobre las que se basan las fobias de impulsión. Aprender a identificarlas y “desmontarlas” es un paso importante para superar este tipo de obsesiones que tanto malestar provocan.

Nuestras creencias determinan nuestra manera de ver el mundo, de interpretar lo que sucede y son el patrón, muchas veces poco consciente, bajo el que percibimos “nuestra” realidad.

En las fobias de impulsión, hay una serie de creencias falsas habituales que configuran el patrón que nos hace finalmente obsesionarnos:

  • No es normal pensar…: los pensamientos son involuntarios, no importa el contenido. Es normal que aparezcan todo tipo de pensamientos en nuestra cabeza, por terribles que nos puedan parecer.
  • Si lo pienso tanto al final lo haré/sucederá:si solo con pensar lográramos que las cosas sucedieran no existiría la contaminación, ni las guerras, ni muchas otras «catástrofes». Pensar no hace que suceda. Pensarlo mucho es indicativo de preocupación, quiere decir que me importa o me alarma, no que vaya a ocurrir. Puedo pensar y pensar repetidamente que necesito aprobar un exámen y no por pensarlo sucederá.
  • Si lo pienso es que en realidad lo quiero hacer: Como comentábamos en anteriores artículos tenemos unos 60.000 pensamientos diarios. Seguramente vemos que no es posible que queramos hacer esas 60.000 cosas que nuestro cerebro nos dice. Los pensamientos, la mayor parte de las veces se quedan en eso, en un pensamiento, no se traducen a ninguna acción. Un pensamiento es involuntario, una acción es voluntaria. Algo involuntario no se transforma mágicamente en voluntario. Pensamos involuntariamente en lo que nos gusta, recordamos cosas del pasado, pensamos en el futuro, nos preocupamos por cosas que creemos que podrían pasar, nos preocupamos por cosas que creemos que nunca nos pasarán…etc. La mayor parte de nuestros pensamientos son involuntarios, simplemente aparecen. Nuestra alarma se activa (y por tanto pensaré más en eso) cuando valoramos un pensamiento como peligroso o inaceptable. Al ponerle esta etiqueta lo estamos activando más. Es decir, me viene tanto ese pensamiento no porque lo vaya a hacer, sino porque no quiero hacerlo. Si lo pienso tanto es porque atenta contra mi ética, mi moral y mis valores; por eso lo pienso (involuntariamente) tanto.
  • Solo una persona trastornada tiene ese tipo de pensamientos: Casi todas las personas tienen o han tenido pensamientos de fobias de impulsión, o para ser más exactos, los estudios indican que el 90% de la población tiene pensamientos intrusivos (es decir, que aparecen en nuestra mente sin que lo deseemos). La diferencia es si les hago caso, si me alarmo o preocupo por tenerlos, o si los dejo pasar como otros muchos que tenemos.
  • Debemos controlar lo que pensamos: La mayor parte de los pensamientos que tenemos son involuntarios. Muchas funciones de nuestro organismo son involuntarias y no nos sorprende: la vista, el tacto, el oído, el gusto serían buenos ejemplos. La sensación de frio o calor, de hambre o dolor también. Nadie cree que debe controlar su gusto, o su frío, o el volumen del ruido que escucha, asumimos que es involuntario. Lo mismo sucede con los pensamientos, especialmente con los negativos. Los pensamientos intrusivos no se controlan, se tienen o no, igual que el frio, se nota o no.

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