Desmontando creencias falsas de las fobias de impulsión.

Existen una serie de creencias falsas sobre las que se basan las fobias de impulsión. Aprender a identificarlas y “desmontarlas” es un paso importante para superar este tipo de obsesiones que tanto malestar provocan.

Nuestras creencias determinan nuestra manera de ver el mundo, de interpretar lo que sucede y son el patrón, muchas veces poco consciente, bajo el que percibimos “nuestra” realidad.

En las fobias de impulsión, hay una serie de creencias falsas habituales que configuran el patrón que nos hace finalmente obsesionarnos:

  • No es normal pensar…: los pensamientos son involuntarios, no importa el contenido. Es normal que aparezcan todo tipo de pensamientos en nuestra cabeza, por terribles que nos puedan parecer.
  • Si lo pienso tanto al final lo haré/sucederá:si solo con pensar lográramos que las cosas sucedieran no existiría la contaminación, ni las guerras, ni muchas otras “catástrofes”. Pensar no hace que suceda. Pensarlo mucho es indicativo de preocupación, quiere decir que me importa o me alarma, no que vaya a ocurrir. Puedo pensar y pensar repetidamente que necesito aprobar un exámen y no por pensarlo sucederá.
  • Si lo pienso es que en realidad lo quiero hacer: Como comentábamos en anteriores artículos tenemos unos 60.000 pensamientos diarios. Seguramente vemos que no es posible que queramos hacer esas 60.000 cosas que nuestro cerebro nos dice. Los pensamientos, la mayor parte de las veces se quedan en eso, en un pensamiento, no se traducen a ninguna acción. Un pensamiento es involuntario, una acción es voluntaria. Algo involuntario no se transforma mágicamente en voluntario. Pensamos involuntariamente en lo que nos gusta, recordamos cosas del pasado, pensamos en el futuro, nos preocupamos por cosas que creemos que podrían pasar, nos preocupamos por cosas que creemos que nunca nos pasarán…etc. La mayor parte de nuestros pensamientos son involuntarios, simplemente aparecen. Nuestra alarma se activa (y por tanto pensaré más en eso) cuando valoramos un pensamiento como peligroso o inaceptable. Al ponerle esta etiqueta lo estamos activando más. Es decir, me viene tanto ese pensamiento no porque lo vaya a hacer, sino porque no quiero hacerlo. Si lo pienso tanto es porque atenta contra mi ética, mi moral y mis valores; por eso lo pienso (involuntariamente) tanto.
  • Solo una persona trastornada tiene ese tipo de pensamientos: Casi todas las personas tienen o han tenido pensamientos de fobias de impulsión, o para ser más exactos, los estudios indican que el 90% de la población tiene pensamientos intrusivos (es decir, que aparecen en nuestra mente sin que lo deseemos). La diferencia es si les hago caso, si me alarmo o preocupo por tenerlos, o si los dejo pasar como otros muchos que tenemos.
  • Debemos controlar lo que pensamos: La mayor parte de los pensamientos que tenemos son involuntarios. Muchas funciones de nuestro organismo son involuntarias y no nos sorprende: la vista, el tacto, el oído, el gusto serían buenos ejemplos. La sensación de frio o calor, de hambre o dolor también. Nadie cree que debe controlar su gusto, o su frío, o el volumen del ruido que escucha, asumimos que es involuntario. Lo mismo sucede con los pensamientos, especialmente con los negativos. Los pensamientos intrusivos no se controlan, se tienen o no, igual que el frio, se nota o no.

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Fuente: Clínica de la Ansiedad. Psicólogos especialistas en el tratamiento de la ansiedad.

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