Ansiedad: Sesgo falsacional. Inversión de la carga de la prueba

 

A los procesos de atender y de significar-interpretar sigue un tercero: comprobar la hipótesis o la formulación a falsar.

Permítasenos una breve disquisición que resultará esclarecedora para el proceso que pretendemos explicar. En un estado de derecho, con todas sus garantías, rige la llamada presunción de inocencia, lo que significa que una persona, a pesar de posibles indicios en contra, es considerada como inocente mientras no se demuestre lo contrario. Es decir, la carga de la prueba recae sobre la demostración de culpabilidad. La hipótesis a falsar es la inocencia, que se tomará por cierta mientras no se aporten pruebas contrastadas y suficientes de lo contrario.

Pues bien, aunque la mayoría de nosotros no somos jueces o investigadores profesionales, continuamente manejamos conjeturas –generamos hipótesis-, tratamos de contrastarlas –las sometemos a prueba- y obramos en consecuencia en una determinada dirección.

En circunstancias regulares, en lo referido a nuestra salud, el trabajo, la pareja, impera la presunción de normalidad a pesar de la existencia de algunos problemas en cada una de esas áreas, más o menos excepcionales, que llaman quizás nuestra atención o nos generan algún recelo o desconfianza.

En situaciones normalizadas, que no entrañan riesgos especiales, dónde la probabilidad subjetiva de ocurrencia de peligro es escasa o las consecuencias menores, lo excepcional, lo imprevisto o lo incierto no alteran la presunción de normalidad. Así, por ejemplo, si vamos por a calle y se nos acerca alguien cuyas intenciones no conocemos consideramos, en principio, no obstante, que no pasa nada amenazante mientras no se demuestre lo contrario, y eso aunque nos haya generado cierta inquietud o alerta; quien se acerca no es un delincuente –un ladrón, un terrorista- mientras no se manifieste explícitamente en ese sentido. Otro ejemplo. Si nuestra pareja se retrasa respecto de su hora habitual de llegada a casa -hecho que no deja de llamarnos la atención y generar alguna preocupación- consideramos, a pesar de la extrañeza que esa circunstancia nos pueda producir, que el motivo será intrascendente o poco preocupante, mientras no se demuestre lo contrario. Un último ejemplo. Si un día nos duele la cabeza, ocasionándonos un intenso malestar y condicionando nuestros planes, entendemos no obstante, a pesar de desconocer el motivo, que nuestra salud no se encuentra comprometida, mientras no se demuestre lo contrario.

En situaciones consideradas de excepción, cuando la ansiedad e inseguridad ante un supuesto peligro son muy intensos e inasumibles, se produce, normalmente de manera automática, un cambio en los procesos y métodos de análisis: la inversión de la carga de la prueba, proceso que bajo determinadas condiciones puede tener un claro valor adaptativo frente a peligros graves, traumáticos o de consecuencias irreversibles.

En una situación de guerra, grave conflicto social, violencia y actos de terror es probable que los individuos que se acerquen a personas o lugares especialmente expuestos o sensibles, sean considerados, de entrada, como malhechores, aun cuando no lo parezcan y aunque se desee profundamente que no lo sean. Para que sean considerados inofensivos han de superar una serie de pesquisas, chequeos, interrogatorios, pruebas, contrapruebas, encaminadas a demostrar que no son lo que se les presume. Así procede también la persona celosa ante un retraso de su pareja, o el hipocondríaco ante una molestia física. Es decir, se toma lo temido por cierto, mientras no se demuestre lo contrario.

En todos los casos, la persona que se siente amenazada, solo se sentirá tranquila, tras demostrase la inocencia o inocuidad del transeúnte, del  retraso de la pareja o de la naturaleza de los síntomas. Inocencia caduca y efímera, que queda solo corroborada para esa determinada circunstancia. Si en los próximos días se repite algo parecido, las pesquisas, pruebas y exámenes de hoy no son probatorias de nada: que nuestra pareja no se retrasara ayer para coquetear con su amante, no quiere decir que hoy no se haya vestido para él. Que el dolor de la semana pasada no fuera debido al cáncer, no quiere decir que no lo sea el de hoy, incluso podría ser que, entonces, el médico se hubiera equivocado, el escáner no hubiera funcionado correctamente en ese momento, o la analistas, traspapelara los expedientes. Porque estas cosas pasan ¿o no?.

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Fuente: J. Carlos Baeza Villarroel. Clínica de la Ansiedad, 2008.

Video: Sesgos cognitivos Falsacional y Finalístico en Trastornos de Ansiedad. José Carlos Baeza Villarroel. II Jornadas sobre Emociones y Bienestar. Organizadas por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y Estrés (SEAS) y la Fundación Mutua Madrileña (FMM). Madrid: 1,2, 3 de octubre de 2009. Puede descargarlo en Video grabado y difundido por FMM.