No sé qué me estoy haciendo.

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      Haydée
      Invitado

      Hola, buenas noches. No sé exactamente por dónde empezar, siento que tengo mucho que (quiero) decir y por tanto mis ideas están revueltas y confusas. De acuerdo. No estoy segura de si mi edad es importante, pero me encuentro en medio de mis diecisiete años – más cerca de los dieciocho de lo que me gustaría, siendo honesta-, y bueno, no sé qué estoy haciendo conmigo y con mi vida.

      No me encuentro sentido, lo que ipso facto me lleva a no encontrarle sentido a mi existencia, y luego a la existencia misma en general, y a la vida en general, y a las otras personas y al mundo. No me entiendo, siento que no me conozco – tampoco es que me esfuerce por hacerlo-, y de igual manera siento que no entiendo a los demás, que no comprendo muchas cosas que debería comprender por norma, ya que no crecí en un entorno violento ni aislada, abusada o humillada, y en realidad tuve una infancia bastante común, con una familia promedio (más o menos, porque sí hay una que otra cosa fuera de lugar, mas no considero que dichas cosas me hayan afectado o que me afecten, o en pocas palabras que hayan representado un daño para mi desarrollo) y los problemas financieros que no pueden faltar en la vida de la clase «media»; de hecho, debo mencionar que fui una niña social, participativa y feliz durante la mayoría del tiempo en esa etapa, hasta que simplemente no lo fui más, o más bien empecé a apagarme y me retraje, me volví muy tímida para con el resto y posteriormente entré en este permanente estado de inseguridad y odio o aversión por mí misma (lo que, según yo, surgió como consecuencia de mi físico, puesto que subí de peso a los siete/ocho años y permanecí así desde entonces, por lo que desarrollé un complejo de inferioridad y vergüenza extrema de que otros me miraran realizando cualquier tipo de actividad, en especial actividades que requieren mucho movimiento, tales como bailar, ejercitarse, jugar, etc.) que no me ha dejado en paz hasta el día de hoy.
      Creo que no he tenido experiencias especialmente traumáticas, salvo tal vez leves encuentros en mi niñez con adultos, pero que no llegan a categorizarse como abuso o que entren en las grandes ligas. Así que básicamente crecí como cualquier otro niño, y en base a mi investigación personal de mi familia, no hay registro de parientes con un historial psicológico inusual (bueno, tengo dos primos que son casos especiales y la excepción de esa investigación, sin embargo más que hereditario es cuestión del entorno en el que crecieron y a las situaciones y personas a las que se vieron expuestos) en ella, lo que me permite concluir que no es probable que exista un factor genético influyendo en mí, en esto que soy y en la manera en que parezco funcionar. Sé que doy muchas vueltas, me disculpo. Entonces, actualmente soy alguien muy irregular e inestable, y extraña, o tal vez es lo que me hago creer porque en el fondo quiero sentirme especial en cierto sentido, por absurdo que suene, y soy muy consciente de que no tengo razones para serlo, y me frustra. Mis habilidades sociales son nulas, me considero una inepta en las relaciones sean del tipo que sean, y no poseo/no desarrollé lo que vendría siendo mi inteligencia emocional y otros aspectos, o sea que soy un humano torpe y una pobre imitación de lo que es ser persona, o algo así. De verdad soy horrible y doy pena en lo que a comunicarse y socializar respecta, se me da mal hablar y no sé llevar conversaciones ni cómo comportarme o cómo reaccionar a lo que se me dice o pasa, no sé qué expresiones mostrar ni cómo hacerlas, a veces porque me da muchísima pena y otras por mi ineptitud; a veces puedo mantener contacto visual, a veces no, y mi hermano me dice siempre que cuando salgo muestro tics o gestos que usualmente son atribuidos a personas con autismo y similares, como movimientos inquietos en las manos y la forma en que camino y me paro. Me veo incapaz de funcionar con «regularidad», y situaciones pequeñas y cotidianas tales como pedirle al bus que pare me da una sensación de pánico increíble, y en adición siento pavor por la idea de viajar sola (creo que no soy capaz de hacer muchas cosas sola, dependo mucho de terceros), o comunicarle a un ajeno que yo llegué primero a cierto lugar o hacer un reclamo a una tienda, restaurante o lo-que-sea por un producto o alimento por el que pagué, y etcétera.

      También pasa que soy insensible, o mejor dicho que soy desapegada o que me importan poco los problemas de los demás, o quizás es que no sé qué ayuda o asistencia debo proporcionarle al sujeto en cuestión porque lo que funciona para mí (que ni siquiera yo sé qué es), no funciona para los demás; de hecho, hace unos años tuve una mejor amiga, Majo, que sí tenía una raíz (o varias raíces) del problema y que constantemente necesitaba mi apoyo, y rara vez lo proporcioné, lo cierto es que casi siempre la ignoré cuando me habló al respecto (siempre conversábamos por chat) y le ofrecí el hombro frío de la indiferencia en momentos de ataques de pánico y momentos serios y críticos, prefiriendo centrarme en los problemas (ja, ja) que me aquejaban porque en mi cabeza lo teníamos igual y no podía permitirme añadir una carga. Llevo tiempo sabiendo lo mala amiga (si es que puedo considerarme una amiga) que fui y lamentándome, el detonante o lo que me impulsó a decidir cambiar y mejorar esa despreciable faceta mía fue el término abrupto, breve y crudo de aquella amistad de años. El problema es que ocasionalmente soy así en el presente, no tan frecuente como para decir que casi siempre o que la mayor parte del tiempo, pero sí con más regularidad de lo que quiero admitir, tanto en voz alta como a mí misma, y ya no es porque considere que mis problemas son más grandes sino porque no sé expresarme y me resulta complicado aconsejar o consolar dado que no me veo capaz de ponerme en sus zapatos y entender su situación, no sé cómo afrontaría yo esas situaciones y por ende no me siento apta para decirle a alguien más cómo afrontarla y cómo debería o no sentirse, y termino comentando lo obvio, y a su vez me agobia exponerme a la negatividad extra; todavía no determino si el motivo actual es más absurdo que el anterior o no. Tengo problemas con mi mejor amiga del presente, Zyanya, por lo mismo, de alguna manera termino relacionándome con personas sensibles y con pasados fuertes y trastornos y complicaciones que son demasiado para mi persona manejar y asimilar. Lo irónico es que en menos de dos meses voy a empezar la carrera de Psicología y siento que cometí un error tremendo – que no puedo ni voy a corregir porque ya me inscribí y porque no sé a qué me quiero dedicar ni qué quiero hacer con mi futuro, y básicamente ese plan es todo lo «seguro» que tengo.
      Lo anterior me lleva a mencionar que no tengo amigos, solo la mejor amiga que nombré recién (y hace meses no cruzamos palabras porque soy mala manteniéndome en contacto constante por vía online), con el tiempo fui descuidando las pocas amistades que forjé a lo largo de los años escolares, no respondo los mensajes que me envían algunas de las personas que aún se acuerdan de mí por equis o ye razón, y mi relación con mis familiares es bastante pobre, interactúo con lo que vendría siendo el núcleo principal, que son con los que vivo, llámese mis padres, mis dos hermanos (y con los otros dos no hablo porque viven lejos y anteriormente dije que se me da mal eso de mantenerme en contacto a distancia) y mi sobrino. Esa realidad me aterra y me arrepiento de lo que me hice y de lo que me estoy haciendo porque estoy sola y estoy un 90% segura de que si mis padres, hermanos y sobrino no fuesen eso, familia, no tendría a nadie; mi relación con ellos no es la más íntima. Me causa ansiedad pensar que cuando me muera nadie irá a mi funeral o que voy a morir olvidada y como una solitaria autoimpuesta. Y no sé cómo corregirme, me parece que es tarde y que en mi faceta de adolescente rebelde y de única-y-especial, que abarcó de mis diez años hasta los catorce/quince, arruiné y enterré por completo el vínculo descentre que tenía con mis primos y tíos.

      Soy, o fui, una mentirosa compulsiva. Sentí la necesidad de justificarme, por lo que inventé lo que encontré plausible para justificar el sentirme y pensar de la manera en que lo hice en su momento. Me autodiagnostiqué y le dije a amigos de antaño sobre mis diversos problemas psicológicos y experiencias de abuso shockeantes que me imposibilitaban querer vivir, e inclusive llegué a conversarlo en foros de ayuda como estos, a decir verdad en dos cuentas (diferentes edades: 11 y 15) de este mismo sitio lo hice (me siento ridícula porque leí las entradas antes de empezar a escribir esto, y quise borrarlas para poder fingir que nunca pasó y tener la mente tranquila pero no supe cómo, y este discurso verborreico lo publico en anónimo por la pena que me da usar esas cuentas y admitir ante ustedes mi atrocidad públicamente), y no sé qué me llevó a hacerlo. Jugué con la bulimia, y tuve la intención de jugar con la anorexia – que no me salió; me sometí a la autolesión y de igual manera busqué hacerme daño, por mínimo e inofensivo que pareciese, ingerí varias pastillas, mezclé sustancias y alimentos para ingerir, destruí sacapuntas y le saqué la cuchilla para tragármela junto con el plástico para ver si me ocurría algo. (…) Hay muchas cosas que fingí, incluso mi propia personalidad, identidad, gustos y otras cosas. Defendí ideologías para pertenecer, me creé personajes y caras distintas abismalmente las unas de las otras, y en algún punto de todo ese zig zag y enredo fatal me perdí y perdí mi esencia, lo que me dejó como una especie de cascarón vacío sin personalidad propia y desde entonces estoy en una constante travesía o aventura desesperada por encontrarme o por construir un nuevo yo que sea esencialmente yo, aunque siempre que me encuentro vuelvo a perderme casi al instante. Tengo el presentimiento de que tal vez en el vaivén de inventarme y reinventarme personalidades y trastornos terminé asumiendo como míos algunos de ellos, que esta aparente depresión se originó allí.

      Y, um, siento que no me intereso o no me importo, ni lo que me pase a futuro, y no consigo hacer que me importe nada que tenga que ver conmigo. A veces me encuentro pensando que me daría igual si en el futuro no tengo hogar o si me veo en la obligación de ejercer una profesión que me hace infeliz por un salario miserable, o que lo más probable es que no llegaré tan lejos porque más temprano que tarde por fin voy a reunir el coraje para darme fin, y pensamientos por el estilo que tienen el único fin de distraerme de la realidad que me niego a enfrentar. A veces pienso que tal vez todo es un complot mío interno y un tipo de autoboicot para justificar que soy una adolescente floja y que no tiene ánimos de esforzarse para alcanzar un objetivo y trabajar de manera justa por lo que el resto del mundo lucha por ganarse. Soy bastante incompetente en varias áreas no profesionales (ni qué decir de las profesionales) y mi conocimiento en materias que es normal poseer a esta edad es patético. En el pasado consideré que mi inteligencia era mi único fuerte y punto a favor pero por mi descuido lo perdí también; nunca entré en la excelencia académica, pero sabía sobre muchos temas sociales y políticos, entre otras cosas. Conocedora de varios temas pero maestra de ninguna, otro error ahí.
      Antes, y ahora raramente, me preocupaba muchísimo por la situación mundial en los aspectos habidos y por haber, medio ambiente, ámbito social, injusticias, la economía, etc, pero ya no lo hago. No me importa, y por ende me condené a la ignorancia que tanto desprecié en un pasado, me negué la información y tengo deseos de deshacerme de mi moral y principios para poder no preocuparme sin sentir culpa.

      Tengo muy malos hábitos que se arraigaron desde que me gradué, llevo casi seis meses sin hacer nada productivo – me tomé un semestre sabático-. Tuve el tiempo para estudiar los temas de la universidad y prepararme, tuve el tiempo para aprender algo nuevo, para ejercitarme y bajar de peso y por fin quitarme una excusa para no ser feliz y no esforzarme para serlo (adelgazar, en una sola palabra), y bueno, las opciones que tuve para aprovechar ese tiempo son infinitas, y el hecho es que no lo hice. Y ahora me arrepiento. Y me arrepiento pero aún sabiendo que dispongo de dos meses más antes de entrar formalmente a la universidad, sigo sin hacer nada y sin estudiar; lo máximo que hago es ayudar en casa y unos cursos de inglés virtuales, pero no voy más allá. Mi rutina, sin contar esas pequeñas actividades productivas que mencioné arriba, consiste en comer, dormir y leer basura que no me nutre en nada en la web. E incluso ahora que ya me aburrí de ello y que no sé qué hacer, no encuentro la manera de hacer que me importe esforzarme y estudiar y hacer algo útil, en cambio sigo haciendo hasta lo imposible por hallar distracciones tontas que de alguna manera abarcan todo mi día. No tengo motivación ni algo que me impulse, y no consigo desarrollarla. No tengo ganas de nada nunca porque vivo infeliz y me mantengo al margen sin importar qué.

      No hay nada en especial que me guste o que ame apasionadamente, la gente me aburre, poco o nada me interesa, me causo tedio. No me aprecio y a menudo pienso que no me respeto, que lo malo que me pase me lo merezco, y que nada bueno debería pasarme, que no tengo derecho a quererme, que nadie podrá amarme o comprenderme nunca. En cierto sentido aborrezco la premisa de «yo» existiendo. No tengo objetivos, sueños ni metas. Vivo en las nubes y soy más o menos una soñadora empedernida. Hubo un período en el que creí tener algo parecido a un caso de despersonalización o desrealización porque me sentía muy ajena al mundo y era como vivir en un videojuego; pasé por eventos en los que me desconectaba de mi cerebro prácticamente, veía negro repentinamente y luego percibía algo similar a lagunas mentales. Por mucho tiempo he tenido la sensación de que estoy fuera de lugar dentro de mi propia piel, que no pertenezco a mi cuerpo. Siento que soy una espectadora de mi propia vida y cualquiera menos yo es un protagonista en ella, voy casi en piloto automático y me parece que soy la misma persona desde los quince años. Reconozco que es bastante preocupante no haber evolucionado en dos-tres años. Me veo ingenua para mi edad y lo opuesto a apta para enfrentar el mundo por mi cuenta y abandonar el nido. A falta de un mejor estímulo o un próposito o ganas pienso en la muerte, y a veces solo quiero morirme porque a una parte de mí le gusta creer que hay vida después de la muerte o que puedo renacer y empezar de cero para hacer las cosas bien en esa vida. Quiero vivir, pero no sé cuánto, y quiero morir, pero no sé cómo. Una parte de mí a veces se encuentra contemplando con anhelo la idea de que una enfermedad severa y mortal me ateste, algo como el cáncer, por egoísta, desagradecida e inconsciente que suene. Hay otras ocasiones en las que deseo poder darle mi vida a alguien que sí quiera vivirla y con ello enfrentar la carga que supone existir. Otras veces me gusta pensar que estoy enamorada hasta la médula de la vida, que nimiedades como el deseo de saber qué pasará en una serie que me entretiene o mi mascota son estímulos para seguir pedaleando. Durante cierto período me gustó pensar y profesar que era mi proyecto más importante, y nunca me trabajé correctamente, en realidad me salté todo lo crucial y salté a una etapa en la que supuestamente era feliz y estaba estable y todo lo que resulta de la superación personal exitosa. La mayor parte del tiempo siento que la vida es una cuerda y yo soy una pésima equilibrista.

      A veces odio la idea o realidad de mi sexo, no me siento cómoda siendo hembra por lo que significa, ser mujer, y me pone nerviosa el tipo de cuerpo que tengo. Me siento vulgar y más propensa a que se me hipersexualice u objetive. Pienso que todo habría sido más fácil si hubiese nacido como macho, socialmente reconocida como hombre. Y en mi condición de mujer le temo a la idea del hombre, siento especial temor y sensación de peligro con el sexo opuesto. Me siento ajena a las experiencias que debería haber adquirido como adolescente, las primeras veces que muchos ya conocen, realidades lejanas a mí, siento que no merezco y que es imposible que alguien se interese por mí sexual o platónicamente, y que si se da entonces todo es producto de un acto conspirador.

      Mi percepción de la muerte en sí y del fallecimiento de seres queridos es… no sé cómo definirla. Lloré muchísimo por mi abuela que murió el año pasado, me dolió sinceramente su partida, pero ese aquejamiento duró tres o cuatro días, después fue como si nada. A veces la extraño y me entristezco, pero luego se me olvida. Olvido o ignoro muchas cosas porque vivo en las nubes, precisamente, y como nunca salgo de casa no percibo como tal la ausencia de las personas en mi vida. Ocasionalmente pienso en la muerte como una solución a problemas tontos, o no tan relevantes, que se presentan, sea mi muerte o la muerte ajena, algo como «todo sería más fácil si … muriera», «ojalá algo le ocurra a …».
      Hoy mataron a mi gato y lloré mucho también, me enfadé y creo que aún no termino de digerir la idea y asumirla. Y a su vez siento que no me importa tanto como debería. Y ya estoy pensando que en el fondo pretendo usarlo como una excusa para darme una razón para estar triste o deprimida y autocompadeciéndome.

      Vivo paranoica, soy muy consciente de la naturaleza humana, o más bien de lo que todos somos capaces. No me siento segura en ningún sitio, y con nadie, en realidad vivo en alerta porque siento que en todos lados estoy expuesta a que me hagan daño, físico o mental o de cualquier índole. Sé que ese temor latente suena un poco fuera de lugar en contraste con mi añoro aparente por morir, pero el instinto de autoconservación de nosotros los humanos es increíble, y también acaece que hay partes de mí que luchan por la idea de vivir y por la idea de no hacerlo. Veo peligro en donde tal vez no lo hay, pienso que mis padres o hermanos quieren hacerme cosas, matarme o alguna tortura al azar, que si salgo me secuestrarán y que quizá me enfrentaré a un destino más cruel y peor que la muerte instantánea. Creo que no puedo confiar en nadie, con nada, que en cualquier momento me traicionarán, que piensan mal de mí y aún así se acercan con el propósito de herirme. A veces me gusta pensar que no me importa nada de eso, que me da igual lo que sea que me hagan, que quizá es lo mejor que puedo esperar para mí.
      También estoy empezando a tener una visión retorcida sobre algunas cosas, tales como el asesinato, más específicamente de los asesinos. He de suponer que gran parte de tal insensibilidad es una consecuencia directa de lo normalizada que está la muerte diaria de cientos o miles que no conocemos y que ya no nos hacen ni cosquillas cuando oímos al respecto. De vez en cuando pienso en si sería capaz de cometer homicidio, contemplo una faceta mía que en cierta medida disfruta del sufrimiento ajeno.

      Mi estado natural es neutral o triste, o deprimida, vaya a saber cuál porque no creo en mi juicio, tampoco creo en mis emociones, hablo muy poco… en el mejor de los casos opino que soy una excusa de ser humano y aunque sé qué está mal, no sé cómo o no quiero corregirlo. Procuro ya no mentir sobre quién o qué soy y en cosas como mi identidad, pero no confío en mí misma como para creer que tengo un trastorno o algo por el estilo en consecuencia de mi pasado(?) de mitomanía, siendo sincera creo que todas mis emociones, sentimientos y respuestas son una farsa o una invención inconsciente para seguir justificándome. Bajo mi propio escrutinio nada es puro viniendo de mí, ninguna intención, acción o reacción.

      No sé qué quiero hacer, o si quiero hacer algo. Me siento perdida y sin ánimos. No sé cómo proceder. Ansío la terapia desde hace años pero no cuento con los medios, con la carga extra de que mis padres no creen en la necesidad de ir a un psicólogo – mi padre más bien hace ahínco en el acercamiento a lo espitirual y religioso. Desconozco el fin de este discurso verborreico, pero me consuela y tranquiliza el pensamiento de que hay un ser vivo y racional que leerá esto.

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