Decidir, no lo es entre bueno y malo

Ciertos supuestos dicotómicos o maniqueos nos llevan a presuponer o sentir que entre dos opciones hay una buena y otra mala, una acertada y otra equivocada. Este tipo de creencias aumenta la tensión, el “vértigo”, o la sobre-responsabilización a la hora de tomar una decisión, bajo la sensación de que se está optando entre éxito o fracaso. Con mucha frecuencia las dos alternativas podrían resultar exitosas. Por supuesto, también podrían ser fallidas ambas. Son cuestiones que, por otro lado, no sabremos nunca. La toma y desarrollo de una decisión deja sin recorrido a la otra, y por tanto no sabremos cómo hubiera ido. Si la decisión tomada fue mal, no quiere decir que la abandonada fuera necesariamente buena. Ni al revés.