Decidir es renunciar

Para que una opción lo sea, ha de ser valiosa. De otro modo no estaría en la lista de alternativas que consideramos. Elegir implica renunciar a algo. Ahí suele estar una de las mayores dificultades. El problema de la decisión no radica en la opción que tomamos, puesto que la retenemos. El problema está en asumir la pérdida cierta de la que desestimamos, con el agravante, si optamos entre proyectos, del resultado incierto de lo escogido. Perder para ganar. A veces las decisiones fracasan, o no son tales, porque se fracasa en desactivar la opción rechazada, lo que nos vuelve a la fase de duda y deliberación, impidiendo la ejecución y desarrollo efectivo de la opción tomada.
En la medida en que optar tenga algo de pérdida, o renuncia, como condición para poder concretar una de las alternativas, puede suponernos cierta insatisfacción, tristeza, o mal sabor de boca. Ello no implica que hayamos tomado una opción mala o, finalmente, insatisfactoria.

Comentarios

  1. lolo

    No me sirvio

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